De dónde provienen las formaciones en la piel

Las neoplasias cutáneas son lesiones cutáneas de tipo tumoral, benignas o malignas, resultantes de un crecimiento patológico de las células del tejido. Las neoplasias benignas incluyen verrugas, lunares, papilomas, lipomas, angiomas, adenomas, etc. Los malignos son el melanoma, el sarcoma y el epitelioma. Un grupo especial lo constituyen los tumores cutáneos precancerosos: leucoplasia, cuerno dérmico, queratoma senil, etc. La mayoría de las neoplasias cutáneas deben extirparse, ya que los traumatismos o la insolación aumentan la probabilidad de transformación maligna.

Información general

Un tumor cutáneo es un crecimiento anormal de la dermis en el que aumenta el tamaño o el número de las células; las células dérmicas anormales forman un tumor limitado. El número de células nuevas en un cuerpo sano es proporcional al número de células muertas, pero bajo la influencia de factores desfavorables comienza una multiplicación celular incontrolada, las células se dividen antes de alcanzar la madurez y, como resultado, son incapaces de cumplir su función original. En los casos de formaciones cutáneas cancerosas, a veces es muy difícil diferenciar de qué capa de la dermis se origina el tumor.

Hay muchos factores que pueden desencadenar un proceso descontrolado de división celular, pero el principal factor predisponente de los tumores cutáneos son los frecuentes traumatismos en la piel, a consecuencia de los cuales las células tienen que regenerarse activamente y acaban perdiendo el control de su división. Todos los tipos de exposición a la radiación, incluidos los rayos X y la exposición a la luz solar, provocan neoplasias cutáneas. La predisposición hereditaria y la piel clara con abundancia de lunares, combinadas con otros factores de riesgo, casi siempre dan lugar a tumores cutáneos benignos que posteriormente pueden convertirse en tumores malignos.

Aunque las neoplasias cutáneas benignas no son directamente perjudiciales para la vida del paciente, son muy grandes y pueden interferir en el funcionamiento normal de varios órganos, apretando las terminaciones nerviosas para causar dolor y apretando los vasos sanguíneos para interrumpir el flujo sanguíneo en una zona concreta del cuerpo.

La exposición constante de la piel a sustancias agresivas, las infecciones cutáneas bacterianas y víricas y las enfermedades cutáneas crónicas, como el eczema, aumentan la probabilidad de que se produzcan neoplasias cutáneas. Las neoplasias cutáneas debidas a metástasis de células cancerosas de otros órganos y las neoplasias cutáneas en personas que no corren riesgo se diagnostican raramente. Todas las neoplasias cutáneas pueden dividirse en tres grupos: neoplasias cutáneas benignas, afecciones cutáneas precancerosas y neoplasias cutáneas malignas.

Crecimientos cutáneos benignos

Las células de las neoplasias cutáneas benignas pueden diferenciarse a pesar de la pérdida de control sobre la división, y conservan en gran medida su función original. Estos tumores crecen lentamente, apretando el tejido circundante, pero sin llegar a hundirse en él.

Un lipoma es una neoplasia de la piel procedente de la capa de grasa, mientras que un ateroma es un quiste epitelial que, a diferencia del lipoma, suele convertirse en un liposarcoma.

Papilomas y verrugas: son de origen vírico y tienen el aspecto de neoplasias cutáneas en forma de protuberancias o crecimientos sobre un tallo. Estas últimas suelen malignizarse a causa de un traumatismo y se transforman en crecimientos cancerosos de la piel o de otros órganos. Una afección precancerosa peligrosa es el condiloma gigante de Bouschke-Levenstein, que está causado por el VPH como los condilomas ordinarios, pero se caracteriza por un crecimiento rápido, un tamaño gigantesco y un exudado de olor desagradable. A diferencia de los condilomas ordinarios, es progresivo, tiene tendencia a crecer en el tejido circundante y reaparece incluso después de la extirpación completa de la lesión, transformándose rápidamente en un cáncer de piel de células escamosas.

El dermatofibroma es una neoplasia benigna de la piel y el tejido conectivo; la patogénesis de este tumor es desconocida, pero existe una relación entre los cambios precapilares histogénicos y el desarrollo del dermatofibroma. Se diagnostica en mujeres jóvenes y maduras, con crecimiento lento y poca sensibilidad subjetiva, es una neoplasia cutánea aislada

comienza a crecer espontáneamente y, en casos aún más raros, se vuelve maligno. Externamente, el tumor aparece como un nódulo profundamente incrustado con sólo una pequeña porción de la neoplasia cutánea que sobresale como un hemisferio; la superficie del tumor es lisa, menos frecuentemente verrugosa o hiperqueratósica. El tumor no tiene una clara preferencia de localización, pero se encuentra más comúnmente en las extremidades inferiores, y el color de la neoplasia varía de gris claro a marrón a negro azulado. El tamaño del tumor es pequeño, de 0,3 a 3 cm de diámetro, y debe diferenciarse de neoplasias cutáneas como el nevus pigmentado, el basalioma y el dermatofibrosarcoma.

Los lunares y los nevos son áreas hiperpigmentadas limitadas de la piel debido a una acumulación irregular de melanocitos, la mayoría de los cuales son neoplasias cutáneas adquiridas debido a una exposición excesiva al sol. Aproximadamente la mitad de los melanomas malignos se desarrollan a partir de los melantocitos de lunares y marcas de nacimiento. Por lo tanto, es necesario consultar con un oncodermatólogo o dermatólogo si los lunares y su tamaño aumentan y la intensidad de su coloración también.

Neoplasias cutáneas precancerosas

El xeroderma pigmentario, cuya patogénesis es un aumento de la sensibilidad de la piel a diferentes tipos de energía de radiación, es una enfermedad congénita en la que la dermis pierde su capacidad de regeneración debido a una anomalía en el sistema enzimático. Esta patología puede sospecharse por el gran número de pecas que presentan los niños en el primer año de vida en las zonas de la piel más frecuentemente expuestas a la insolación. Las pecas se convierten rápidamente en crecimientos verrugosos. La vigilancia de los niños con predisposición genética y la protección constante de la piel contra la radiación solar pueden reducir la probabilidad de que aparezcan crecimientos cancerosos en la piel. En el caso de las neoplasias cutáneas, como el xeroderma pigmentario, el pronóstico es desfavorable, ya que casi todas desarrollan carcinoma de células y células escamosas. La tasa de mortalidad en el grupo de edad hasta los 20 años es muy alta.

Neoplasias cutáneas precancerosas de edad avanzada

La enfermedad de Bowen o carcinoma intraepidérmico se presenta clínicamente con neoplasias cutáneas de aspecto nodular, papular y en forma de placa, que pueden crecer juntas hasta formar extensas superficies cubiertas por sobrecrecimientos papilomatosos. La incidencia es alta entre las personas maduras y ancianas de ambos sexos. Los factores predisponentes incluyen la presencia de verrugas causadas por el virus del papiloma humano; debido al marcado polimorfismo de las células de esta neoplasia cutánea, la enfermedad de Bowen termina en un cáncer indiferenciado con metástasis a otros órganos y tejidos.

La enfermedad de Keira se presenta en personas de edad avanzada; clínicamente esta neoplasia cutánea aparece como un nódulo rojo brillante y aterciopelado en los genitales y el curso de la enfermedad es prolongado, con el tiempo el nódulo puede ulcerarse y cubrirse de excrecencias papilomatosas. Estos crecimientos de la piel suelen ser indoloros, pero debido a su ubicación suelen ser traumáticos, lo que provoca hemorragias y dolor. A diferencia de la enfermedad de Bowen, esta lesión es benigna y tiene menos probabilidades de ser maligna.

Un queratoma senil es una neoplasia en la piel de sus capas epiteliales que se produce en las personas mayores. Las manifestaciones iniciales aparecen como áreas limitadas de hiperqueratosis solitaria o múltiple, que posteriormente se convierten en placas densas de hasta un centímetro y medio de diámetro y que acaban por enquistarse. Estos crecimientos de la piel se encuentran predominantemente en zonas expuestas, crecen lentamente y muy raramente se vuelven malignos.

Una neoplasia dérmica, el cuerno de la piel, se produce en los adultos mayores y se desarrolla en las zonas expuestas, especialmente en las que están sometidas a fricción y compresión frecuentes. El cuerno cutáneo primario aparece en la piel inalterada, mientras que el secundario está precedido por diversas neoplasias cutáneas, tuberculosis, lupus eritematoso y queratosis actínicas. Una vez formado, el tumor adulto aparece como una masa en forma de cono varias veces más larga que el diámetro de la base del tumor. El tumor se localiza en la piel, en la franja roja de los labios, tiene una larga duración y la malignización se produce con bastante frecuencia.

Tumores cutáneos malignos

Los tumores malignos de la piel representan el 7-10% de todos los tumores malignos. Afecta a ambos sexos, pero las personas mayores son más susceptibles. Se diferencian de los tumores benignos en que las células dérmicas son difíciles de diferenciar en las fases iniciales de la enfermedad, no cumplen sus funciones, pueden invadir los órganos y tejidos cercanos y pueden hacer metástasis a través de los vasos sanguíneos y linfáticos, provocando tumores en todo el cuerpo.

El melanoma es la más maligna de todas las neoplasias de la piel, la presencia de manchas pigmentarias congénitas y adquiridas aumenta el riesgo de melanoma porque surge de los melanocitos, las células pigmentarias de la piel. Las mujeres de mediana edad y de edad avanzada con pelo rubio y ojos azules son las más susceptibles de padecer un melanoma. Las neoplasias cutáneas se producen sobre todo en las extremidades inferiores y superiores. La patogénesis de los lunares y las manchas de la edad no se conoce bien, pero los traumatismos, el intento de eliminar los lunares y las manchas de la edad con productos químicos agresivos, los cortes y la insolación favorecen la malignización.

Los principales síntomas que sugieren una neoplasia maligna en la piel, como un lunar o una pigmentación, son la decoloración del nevus, su aumento repentino de tamaño, las hemorragias frecuentes y la ulceración. En otras palabras, cualquier manifestación anterior inespecífica de un lunar indica su renacimiento. Y, a pesar de su pequeño tamaño, el tumor se extiende rápidamente a las zonas vecinas en forma de nódulos satélites y hace metástasis primero en los ganglios linfáticos regionales y luego en los órganos internos. La traumatización puede conducir a una transformación prematura en cáncer, ya que incluso las biopsias para el examen citológico se realizan en presencia de erosiones y úlceras, para no activar el proceso oncológico.

Los epiteliomas son todas las neoplasias cutáneas formadas por células epiteliales y se diagnostican en el 50-60% de todos los cánceres de piel. Los epiteliomas se producen en zonas de la piel que no están afectadas por otras neoplasias cutáneas. Al principio, puede notar un pequeño nódulo de color rosa-amarillento, que crece durante años, pero es pequeño -hasta 1-1,5 cm de diámetro- y, por tanto, pasa desapercibido. La activación del proceso se indica mediante una costra gris amarillenta, que acaba cubriendo el epitelioma. Una cresta cutánea alrededor de la neoplasia, consistente en una masa cartilaginosa con brillo, es un signo diagnóstico desfavorable. Posteriormente, se producen ulceraciones y hemorragias, y el tumor hace rápidamente metástasis en los ganglios linfáticos regionales y otros órganos.

El sarcoma de Kaposi o la angioreticulosis son más frecuentes en los pacientes con SIDA, pero la forma clásica del sarcoma y la neoplasia cutánea en pacientes inmunodeficientes son clínica e histológicamente idénticas. Los hombres son más propensos a este tipo de neoplasia cutánea; el sarcoma de Kaposi se produce predominantemente en las extremidades inferiores. Inicialmente aparecen manchas violáceas, menos frecuentemente púrpura, sin contornos claros, con la posterior aparición de nódulos densos, redondos, de color marrón azulado, de hasta 2 cm de diámetro, que tienden a fusionarse y ulcerarse en los pacientes con infección por el VIH y que pueden volverse agresivos, a veces con afectación rápida de los ganglios linfáticos y metástasis en todo el cuerpo.

Formas poco diferenciadas de cáncer de piel

Aunque son pequeños, estos tumores cutáneos son extremadamente peligrosos porque las células pierden su capacidad de queratinización y existe un fuerte atipismo celular. Estos cánceres de piel sólo manifiestan ligeras alteraciones, normalmente un tumor del tamaño de un guisante, pero cuanto más extenso es el atipismo y la incapacidad de diferenciar el tipo de célula, más desfavorable es el pronóstico de estos tumores de piel. El crecimiento endofítico del tumor conduce a la invasión de los vasos sanguíneos y a la hemorragia, y las células cancerosas se diseminan a través de los vasos sanguíneos por todo el cuerpo, provocando numerosas metástasis. Estos cánceres suelen ser mortales debido a la caquexia, la hemorragia o la autointoxicación pocos años después del diagnóstico.

Diagnóstico de tumores cutáneos

El autodiagnóstico y las revisiones periódicas son de gran importancia para el diagnóstico precoz. La atención del examen visual por parte de un médico permite diagnosticar las anomalías de la piel y las neoplasias y remitir al paciente a otros exámenes.

La atención a su propia salud y a la de sus seres queridos permite notar a tiempo los cambios en lunares, pigmentaciones y marcas de nacimiento. Si se producen cambios en la piel sin razones objetivas, deben ser examinados por un dermatólogo u oncodermatólogo, que confirmará o descartará la naturaleza tumoral de los crecimientos de la piel mediante un examen visual, histológico y corporal general.

Tratamiento y prevención

No existe una prevención específica del cáncer; las medidas preventivas incluyen la eliminación de lunares y verrugas en las fases iniciales, especialmente si hay muchos lunares. Las personas con predisposición genética al cáncer deben evitar la insolación, elegir con más cuidado su lugar de trabajo y evitar el contacto con sustancias cancerígenas, eliminando los productos de la dieta, que pueden provocar cáncer, pueden reducir significativamente la probabilidad de enfermedades oncológicas.

El tratamiento de las neoplasias cutáneas suele consistir en la extirpación de la zona afectada con una escisión parcial del tejido sano. La extirpación con láser tiene una tasa menor de recidiva, porque además de la extirpación, cauteriza la superficie de la herida y evita la diseminación posterior de las células tumorales. Se puede aplicar la electrocoagulación y la criodestrucción de crecimientos cutáneos benignos, así como la eliminación por radiofrecuencia.

Si las neoplasias cutáneas se encuentran en la fase de cáncer inoperable, se aplican la radiación y la quimioterapia. Pero si la neoplasia es inicialmente de naturaleza maligna, el pronóstico es siempre desfavorable, porque el tumor hace metástasis y provoca grandes daños en los órganos internos, aunque las manifestaciones en la piel sean menores. La probabilidad de un resultado letal es bastante alta, y los pacientes mueren por autointoxicación, hemorragia interna masiva, fallo orgánico múltiple y caquexia.

Si la neoplasia cutánea es benigna o precancerosa, la intervención quirúrgica oportuna elimina prácticamente la posibilidad de recidiva y corrige los defectos de apariencia estética

De dónde provienen las formaciones en la piel

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